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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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EL CIELO
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Todo Ángel está en el Cielo en forma completamente humana

73. En los dos artículos precedentes se ha manifestado que el cielo en todo su conjunto representa a un solo hombre; e igualmente cada una de las sociedades en el cielo; por la serie de causas, allí expuestas, resulta que cada ángel igualmente representa a un hombre. Así como el cielo es hombre en mayor forma, y una sociedad en menor forma, así el ángel lo es en mínima forma; porque en la perfecta forma, tal como es la forma del cielo, existe una semejanza de la totalidad en la parte y de la parte en la totalidad. La causa de esto es qué el cielo es una comunión; porque comunica todo lo suyo a cada uno, y cada uno recibe por esta comunión todo lo suyo; el ángel es un receptáculo y por ello un cielo en mínima forma, lo cual ya se ha expuesto en su artículo. De igual manera el hombre; cuanto recibe el cielo tanto es receptáculo, cielo y ángel (véase arriba, n. 57). Esto se halla expuesto en el Apocalipsis así:

Midió el muro de la Santa Jerusalén, ciento cuarenta y cuatro codos, la medida de un hombre, es decir de un ángel (21: 17).

"Jerusalén" es allí la iglesia del Señor, y en su más elevada significación, el cielo;1 "Muro" es la verdad que protege contra las agresiones de la falsedad y del mal; "Ciento cuarenta y cuatro "son todas las verdades y variedades del bien en conjunto; "medida" es su cualidad; "hombre" es aquel en quien se hallan todas estas cosas en su generalidad y en sus partes, es decir, en quien está el cielo; y siendo así que el ángel es igualmente hombre, se dice: “la medida de un hombre, la cual es la de un ángel." Este es el sentido espiritual de esas palabras. ¿Quién sin este sentido podría comprender que el muro de la Santa Jerusalén fuese de la medida de un hombre, la cual es la de un ángel?

74. Pero vamos a la experiencia. Mil veces he visto que los ángeles tienen forma humana, o sea que son hombres, porque he hablado con ellos como hombre con hombre, ya con uno, ya con varios en consorcio; no he visto en ellos cosa alguna diferente de las del hombre en cuanto, a la forma, y varias veces me ha extrañado de que fueran tales. Para que no se dijere que fuera un engaño o juego de la fantasía, me ha sido dado verlos en plena vigilia, o sea encontrándome en posesión de todos los sentidos del cuerpo y con clara percepción. Muchas veces les he referido también que los hombres en el mundo cristiano se hallan en tal ignorancia con respecto a los ángeles y los espíritus que creen que son mentes sin forma y meros pensamientos, no teniendo de ellos otro concepto que de una cosa aeriforme en la cual hay vida. Así, no atribuyéndoles cosa alguna del hombre, con excepción del pensar, creen que no ven porque no tienen ojos, y que no hablan porque no tienen boca y lengua. A esto dijeron los ángeles que saben que muchos en el mundo tienen tal creencia, que predomina entre los eruditos y también—de lo cual se asombran— entre los clérigos. Dijeron también que la causa era que los hombres eruditos, que fueron los jefes y que primero concibieron tal idea de los ángeles y de los espíritus, pensaban de ellos mediante las cosas sensuales del hombre exterior, y los que piensan por estas cosas y no por una luz interior, y por la idea común implantada en cada uno, no pueden evitar el concebir tales cosas, siendo así que los sentidos del hombre exterior admiten asuntos que pertenecen a la naturaleza; pero no aquellos que se hallan por encima de la misma, por consiguiente nada de lo que concierne al mundo espiritual. Partiendo de estos jefes de sectas, el concepto erróneo respecto a los ángeles se ha comunicado a otros, quienes derivaron sus pensamientos de los antedichos jefes, y no de su propia razón; y los que empiezan por pensar mediante los pensamientos ajenos y a formar así su fe, luego cuando examinan a esta en su entendimiento, pueden difícilmente desistir de ella, por cuyo motivo la mayor parte halla sosiego en confirmarla. Dijeron además que los de sencilla fe y corazón no tienen esta idea de los ángeles, sino que tienen idea de ellos como de hombres del cielo, a causa de que no han extinguido en sí por la ciencia lo que del cielo está implantado en ellos; tampoco conciben cosa alguna sin forma. De ahí viene el que en los templos los ángeles esculpidos o pintados son representados como hombres. Acerca de lo implantado que es del cielo, dijeron que es lo Divino que influye en aquellos que se hallan en el bien de la fe y del vivir.

75. En virtud de toda mi experiencia, que ahora es de varios años, puedo manifestar y asegurar que los ángeles, en cuanto a su forma, son completa y enteramente hombres; que tienen rostros, ojos, oídos, pechos, brazos, manos, pies, que se ven unos a otros, se oyen y hablan entre sí; en una palabra, que absolutamente nada les falta de lo que pertenece al hombre, excepción hecha de que no se hallan revestidos de un cuerpo material. Los he visto en su propia luz la cual excede en muchos grados a la luz del mediodía del mundo, y en ella todas las facciones de sus rostros más clara y distintamente que se ven los rostros de los hombres en la tierra. Me ha sido permitido ver también un ángel del más íntimo de los cielos; tenía un rostro más resplandeciente y fulgurante que los ángeles de los cielos inferiores; le examiné atentamente y tenía forma humana en toda su perfección.

76. Pero hay que saber que los ángeles no pueden ser vistos por los hombres mediante la vista del cuerpo, sino por los ojos del espíritu, que está en el hombre; puesto que el espíritu se halla en el mundo espiritual, y todo lo que es del cuerpo en el mundo natural. Semejante ve a semejante a causa de la semejanza. Además el órgano de la vista del cuerpo, es decir el ojo, es tan grosero que ni siquiera ve los diminutos objetos de la naturaleza, sino por medio de un cristal óptico, lo cual es muy conocido; por consi­guiente menos aun los objetos que están por encima de la esfera de la naturaleza, como todos los que se hallan en el mundo espiritual; sin embargo son vistos por el hombre, cuando apartado de la vista corporal, ve con los ojos del espíritu, lo cual se efectúa momentáneamente cuando al Señor le place que vea; en este caso el hombre cree que las ve con los ojos del cuerpo. De esta manera los ángeles fueron vistos por Abraham, Lot, Manoach y los profetas; de la misma manera fue visto el Señor por los discípulos después de la resurrección; de igual manera he visto yo también a los ángeles. Puesto que los profetas veían de esta manera, fueron llamados los videntes, los "abiertos de ojos"(1 Samuel 9: 8; Números 24:3); y hacer que así viesen, llamaban " abrirles los ojos," como fue el caso con el criado de Eliseo, acerca del cual se lee como sigue:

Y oró Eliseo y dijo: ruégate, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del mozo y vio que el monte estaba lleno de gente a caballo y de carros de fuego alrededor de Elíseo (2 Rey 6: 17).

77. Unos espíritus rectos, con quienes también he hablado sobre este particular, se sintieron desolados al saber que existe tal ignorancia en la iglesia con respecto al cielo, a los espíritus y a los ángeles, diciéndome, indignados, que debía positivamente manifestar que no son mentes sin forma, tampoco seres aeriformes, sino que son hombres en imagen, y que ven, oyen y sienten tanto y tan bien como los que están en el mundo.